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jueves, 8 de diciembre de 2011

Mi D/s I. Prologo.


Tengo ya 46 años y mucho camino en mis piernas y muchas vivencias en mi petate.
Quizás este no sea el mejor momento, para comenzar este escrito, pero supongo que también me ayudará para distraerme un rato de cierto tema que ya se está alargando demasiado. Comencemos a echar la vista atrás.
He tenido a lo largo de mi vida cinco sumisas. Bueno, esas son la que yo considero que lo fueron. He tenido a lo largo de mi vida tres relaciones vainillas, digamos estables. He tenido un matrimonio que acabó en divorcio.
Amé, amo y amaré siempre a las que en su momento fueron mis sumisas. A cada una de forma distinta, sin comparaciones, sin trabas.
Estuve enamorado de mis tres parejas, pero no llegué a amarlas nunca.
Ni estuve enamorado, ni amé a mi ex-mujer, fue un error que cometí. Refugiarme tras una tragedia personal en un hombro sobre el que llorar, en un cuerpo que se abría para mí, para desahogar los instintos primarios del sexo, llenar un vacio infinito. Hubo pasión, la pasión provocada por la desesperación, por el deseo de olvidar, de sustituir, de buscar donde no lo había aquello que había perdido. No funciona. No cuando crees en lo que yo creo.
También he pasado por unos años de soledad intensa, inmensa. Necesaria.
No tendré una sumisa a la que no me considere capaz de llegar a amar. De forma totalmente única. Distinta a cualquier otra. Y no llega de un día para otro, llega despacio, poco a poco, trabajándolo y sintiéndolo.
Eso me lleva a mi primer principio. La D/s es AMOR. No un amor cualquiera, no algo sencillo y cómodo, es algo que está por encima de todo. Es camino y meta. Es principio y fin. Todos los días. Algo que conlleva muchas más cosas.
Puesta la primera piedra de lo que va a ser un tocho.
Continuará…