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jueves, 30 de diciembre de 2010

Quisiera....

Quisiera… que rezásemos más a la Virgen de la Atadura y a San Antón de la Fusta tiesa y nos olvidásemos de Santa Tecla de la palabra mal dicha y san Teodoro de mira como te pongo.
Quisiera… que aportásemos todos cosas positivas.
Quisiera... menos protocolos y más RESPETO.
Quisiera… que cada uno viva como le parezca y que nadie le critique.
Quisiera… escuchar más azotes y menos ametralladoras verbales.
Quisiera… dar la bienvenida a los nuevos, a los que regresan, a los que no se han ido, pero como que no están.
Quisiera… sentir más besos y lágrimas, por relaciones personales.
Quisiera… no sentir ningún grito de alegría, ni ninguna lágrima por resultados de las batallitas personales.
Quisiera… entrar y encontrar amigos y compañeros, vecinos, animalillos del bosque… todos en el perfecto ecosistema del que formamos parte.

Quisiera… que tú,…huyyys  eso es demasiado personal y solo para ti, que ya lo sabes.

Publicado el 28 de agosto de 2008 en mi blog de someteme.

Quien tiene que alumbrar....


“Qui a de donar llum, no ha de donar fum”. Esta frase que me repitió en mi niñez mi abuela, es de las que tengo marcadas y de las que echo de menos en la vida diaria.
Su traducción literal sería: quien tiene que dar luz, no tiene que dar humo.
Aquel que debe alumbrar el camino con su luz y su ejemplo, no lo tiene que esconder entre las sombras.

Siempre he intentado cumplirla. Aquello que sé, lo que pienso, intento compartirlo con los demás. Y escucho a aquellos que me pueden alumbrar a mi.

Aquí encontré un lugar que me gustaba, donde encontré había calorcito. Y me senté a observar y a contar algunas batallitas largo tiempo olvidadas, y a vivir algunas fantasías que no pensaba volver a tener, aunque se hayan quedado solo en fantasías: por lo menos me he vuelto a sentir vivo y persona.

Pero no todo es bonito y llegan las decepciones.
Hay guerra civil. Guerra en la que todos somos perdedores.
Lo malo del asunto es que, quienes las libran, piensan que ganan algunas batallas.
Lo triste es que es en un foro BDSM, donde el RESPETO, es una norma que no debería saltarse nadie. Pero se la saltan de forma evidente.

No me gustan según que formas de entender el BDSM, pero las acepto y las respeto. Si entro en un blog y leo algo que no me gusta, sencillamente, me voy a otro. Si esa persona es feliz así, me alegro por ella, aunque no comparta lo que dice.
Si se abre un hilo en el foro y no puedo aportar, o no tengo ganas, nada positivo, pues lo leo y me marcho a leer otro.
Creo que hay mucha gente más como yo. De más de 6000 personas registradas, no son tantas las que escriben en el foro, en sus blogs o chatean.
Parece sencillo hacer esto, pero estoy empezando a pensar que es muy difícil, precisamente para aquellos que más renombre tienen dentro de la comunidad.

Me pregunto qué ganan con ridiculizar, insultar, ironizar, etc…
Porque, además, de muchos de los que forman este grupo, he leído aportaciones francamente muy interesantes. Pero lo dejan de lado por sus rencillas personales.

Grupitos hay en todos lados, hasta en el bar del pueblo. Pero allí no desembocan todos los días en una batalla campal, con heridos y bajas.
¿Tan difícil es aceptar y admitir que hay grupitos? ¿Tan difícil es que cada grupito se dedique a lo suyo? ¿Tan difícil es no formar parte de ningún grupo y tener amigos o buenas relaciones con gente de diversos grupos? Parece que sí.
Hasta el hilo más inocente llega, tras unas pocas aportaciones, a convertirse en un rio lleno de pirañas, serpientes y cocodrilos.

¿Quién es el más mejor? ¿El Amo más megadominante? ¿La Ama más estricta y severa? ¿El sumiso o la sumisa más entregado/a y obediente?
¿Es eso lo que intentáis averiguar? ¿Se trata sólo de esos principios básicos de antropología, sobre la tribu más poderosa y caníbal?
Porque no puedo entenderlo desde otro punto de vista. O quizás sí: habéis escuchado una frase muy famosa y queréis que os la dedique con una ligera modificación: NUNCA TAN  POCOS HICIERON TANTO DAÑO A MUCHOS.
¿Es esta la frase que queréis que se os dedique?

Quienes deberíais ser un ejemplo para los más jóvenes y los recién llegados a este mundo, os olvidáis de lo más básico: la educación y el respeto.
Resulta curioso que en vez de alumbrar, provoquéis el efecto contrario.
Con vuestras ironías, con vuestros malos modos, con vuestro yo soy el/la más mejor y a mi no me gana nadie; con pensar que soy el poseedor de la verdad absoluta en este mundo, en el que deberíamos caber todos; con no saber lavar los trapos sucios en privado, ni reconocer cuándo os habéis equivocado.
Nada hace más grande a una persona que reconocer sus errores y aprender de ellos.
Y yo siempre he aprendido más de quien no piensa como yo, que de quien me da la razón en todo.

No conozco a nadie de ninguno de los bandos, que son evidentes que hay, y debo decir que de todos he leído algunas cosas buenas. Y desperdiciáis eso.
El orgullo y la vanidad mal entendidos son malos consejeros.
El llevar a terreno público rencillas personales que sólo interesan a unos pocos, no hace falta que os diga a qué nivel os deja: ponedlo vosotros mismos.

¿Qué ganáis? ¿Os satisface que alguien se vaya o que lo expulsen?...
No tenéis autocontrol suficiente para callaros, cuando alguien provoca de forma arbitraria. Perdéis los nervios con facilidad y contestáis rápidamente y sin pensar ¿Es miedo a que os tomen por cobardes? ¿Es miedo a que os quiten ese puesto del más megamejor? ¿O es que el día que dieron las lecciones de AUTOCONTROL Y RESPETO, básicas en toda expresión BDSM, no asististéis a clase?

Huyyy¡¡¡ Lo que os estoy diciendo!!! Pero es que ya llevaba mucho callado y sin encontrar respuestas a todas esas preguntas. Y, al final, las ganas de querer saber y la esperanza de que os dediquéis sólo a aportar cosas positivas, me pueden.

Pero tranquilos, que yo no soy uno de los mega mejores, ni de los grandes. Por tanto, ni caso. Que yo no tengo nada que enseñaros que ya no sepáis.
Pero os voy a contar una cosita:

Durante los últimos diez años de mi vida, no he sido una persona como las que conocéis. He estado encerrado detrás de mis murallas. No, no ha habido ninguna relación sentimental, ni BDSM. Hasta ahora, siempre he sido capaz de matar esas mariposas que a veces intentan aparecer en mi estómago. A día de hoy, todavía es muy dudoso que se borre la tristeza de mis ojos, por mucho que mi nick signifique alegría.
Pero eso sí, durante esos oscuros años fui el más mega mejor en mi carrera profesional. ¿Qué más da si para eso me dejé en la cuneta a un montón de gente a la que no dejé traspasar mis murallas?, ¿qué más da si hasta me perdí la infancia de mi hijo?, ¿qué más da si le cerré la puerta en las narices a cualquier mujer que intentó hacerse un hueco en mi corazón de piedra?...
Ah, pero eso sí:  me trataban como el más grande, conseguía imposibles. Y, de vez en cuando, hasta dejaba que alguna mujer me acompañase a casa.
Y he escuchado cosas tales como:
Eres un Amo robot.
Eres un consolador de carne.
¿Qué he hecho mal?
¿Es que no te gusto nada?...

Igual a vosotros os enorgullecería que os dijesen eso. A mi, en aquellos momentos, me entraba por un oído y me salía por otro.
Hoy me avergüenzo.

¿Queréis eso de verdad? ¿Queréis ser seres vacíos que no tienen nada positivo que aportar? Alguno/as váis muy bien encaminados.

Seguiré intentando ser fiel al dicho. Cuando pueda aportar algo positivo, lo haré. Cuando no, me callaré.
¿Que os a parecido mal lo que he dicho?, si es que alguno lo lee, pues gracias por dedicar vuestro tiempo a leerme y que seáis muy felices.
¿Que me queréis insultar, váis a ironizar sobre mi, y me váis a tratar como a un mindundi?... Ánimo: mientras os entretengáis conmigo no molestaréis a otros.

Tengo la esperanza que podáis refugiaros entre vuestros amigos, pasar buenos ratos con ellos y dejar en paz a los demás: que cada uno viva su vida.
Y que los que de verdad estáis capacitados para alumbrar, lo hagáis y os dejéis de discutir por cualquier cosa.
Tengo la esperanza de que demostremos todos que realmente sabemos qué es BDSM, algo que en teoría es un continuo aprendizaje y un crecimiento personal. Para crecer y ayudar a crecer a los demás hay que dejar de hacer muchas de las cosas de las que se habla.
Tengo la esperanza que no se vaya nadie más, que vuelva la calma y hablemos de BDSM y de cualquier otro tema interesante que pueda salir, sin necesidad de tener que pisotear a nadie. Y que entendamos que hay tantas formas de vivirlo y sentirlo, como personas estamos inmersos en el, Y que todas esas formas deben ser respetadas. Y que dejemos de criticar e insultar a quien no lo vive de la misma forma.

Yo no pienso marcharme, me quedaré aunque sea en silencio, porque muchas veces el silencio es la respuesta más poderosa. Un respetuoso silencio.

Un cordial saludo a todos.

Lord Wunjo.

Publicado el 25 de agosto de 2008 en mi blog de someteme.

Lecciones aprendidas durante la infancia

Hay lecciones que aprendemos durante la infancia, que marcan nuestro comportamiento, el resto de nuestra vida.
Hoy os voy a hablar de una de ellas, que a tenido un gran peso tanto dentro de mi vida profesional, como en las relaciones humanas, del tipo que sean, incluidas BDSM, por las que he pasado en  estos años.

Entre un montón de papeles y documentos del año de la pera, ha caído hoy en mis manos, mi primer carnet de la federación española de judo. Con la foto de un niño, de 10 años,  que me ha hecho sonreír y preguntarme donde estará ahora ese pelo tan abundante que cubrí mi cabeza. Y me he puesto a recordar.
Practiqué judo durante mi infancia y mi adolescencia, hasta que lo dejé por circunstancias diversas que ahora no vienen al caso. Y tuve la suerte de que mis profesores fueron japoneses.
A día de hoy y con el contacto totalmente perdido, les sigo recordando con un cariño muy especial. No me acuerdo de ninguna llave, y mucho menos de los nombres. Ni de según que artes que aprendí, que en BDSM, son muy útiles, jejeje.

Pero algo está siempre en mi desde entonces y lo recuerdo y he intentado siempre llevarlo a la práctica.

Ya os digo empecé siendo un niño, con 8 años y no me federaron hasta los diez. Lo éramos todos. Y nos gustaba el deporte y por supuesto jugar.
Y nuestros profesores, eran tan distintos a los que nos daban clases en el colegio. Nos enseñaban un arte marcial, pero no dejaban nunca de hablarnos y explicarnos una filosofía de vida, que nosotros no entendíamos. Hoy, les aplaudo ese método, porque muchas cosas que pense que no escuchaba, las llevo grabadas en mi cerebro.

Siempre he sido muy curioso e inquieto. Y de niño, no paraba de preguntar. Y claro un día pregunté y me llevé un respuesta que en aquel momento no entendía y una gran sonrisa y una cariñosa colleja de mi Maestro.

Cuando acababa la clase, nos sentábamos de rodillas, en la posición de saludo y antes de acabar, uno de los profesores, vigilaba enfrente nuestro que mantuviésemos todos los ojos cerrados.
Otro pasaba caminando por detrás de nosotros y con los nudillos del puño, pegaba un buen coscorrón encima de alguna cabeza.
Mi tierno cerebrito, no asimilaba el porque del castigo, ni de la ceremonia.
Y un dia pregunté:
- Maestro, porque nos pegáis esos coscorrones.
Y asomó una sonrisa en su cara y me contestó:
- Cuando has recibido tu alguno, sabes que es porque has hecho algo mal, verdad.
En mi tierna inocencia, contesté:
- si, sino no me pegarías. Pero los maestros del colegio, nos gritan y nos castigan de rodillas, cara a la pared. Y yo cuando castigáis a otro, no se a quien habéis castigado.
Con la infinita paciencia que le caracterizaba, me hizo sentar con el en el suelo y me explicó:
- Un castigo no tiene porque ser una humillación. Y una humillación, no tiene porque ser un castigo.
Yo no entendía nada. Y el sonriendo, me dio una larga explicación sobre las diferencias entre la cultura oriental y la occidental. La verdad, es que en aquel momento, yo escuchaba embelesado, pero no entendía nada.
Acabó su discurso con la frase del principio y añadiendo, más riendo que sonriendo, que seguramente algún día lo entendería muy bien.
Años después, ya en adolescencia bastante avanzada, me enseño otras artes, que aunque hoy las tenga olvidadas, en su momento las disfrute muy satisfactoriamente.

Pero, vamos al meollo.
Un castigo, no tiene porque ser una humillación. Y una humillación, no tiene porque ser un castigo.
¿Os suena a algo?
Con los años descubriría que disfruto de infringir determinados castigos, que hay otros como yo y que hay otro grupo de personas, que disfruta recibiéndolos.
Y que con las humillaciones, puede pasar lo mismo.

Pero, como todo, siempre bailamos sobre el filo de la navaja.
A nivel profesional, he tenido bajo mi responsabilidad, a equipos muy numerosos. Y hay que manejarlos con mucho mimo y cuidado. No hay nada peor, que reprender a alguien, por algo que ha hecho mal, delante de todo el mundo. Aunque quizás, si haya algo peor, no reprenderle de forma correcta en el momento adecuado y explicarle que hace mal. Si quiero, que una cosa se haga de determinada manera, mi responsabilidad es enseñar a que se haga así.
Felicitaciones públicas, pero con cuidado, sin favoritismos y procurar que todos reciban la suya.
Reunirlos y hablarles a todos juntos, sin personalizar más que lo necesario y explicando que todo el mundo tiene su importante función y que si el eslabón más pequeño falla, se rompe la cadena. Explicar, enseñar, educar y escuchar sus inquietudes y sugerencias.
Y después decidir, cada persona tenemos nuestras virtudes y defectos, habilidades que hacemos con naturalidad y otras que nos cuestan muchísimo. Hay que descubrirlas.

No os creáis que soy don perfecto. Pierdo los nervios como cualquiera. Y entonces, salgo a un lugar que siempre tengo reservado para esas situaciones, blasfemo en todos los idiomas que conozco, pego puñetazos a una pared y me como, mas que fumo, dos cigarrillos. Después vuelvo relajado. Son un par de minutos.
Los nervios son contagiosos y si el jefe está nervioso, la confianza del equipo se desmorona en segundos y cunde el pánico. He tenido la suerte de trabajar con grandes equipos, que me han ayudado mucho.
Y cuando alguna vez, alguien en particular, me ha sacado de mis casillas  y he roto mi regla de no abroncar públicamente, en cuanto se ha pasado mi tormenta particular, pido disculpas igualmente públicas y si es posible con más gente delante. Hay que reconocer los errores.

A nivel de relaciones humanas, trato de mantener el mismo comportamiento. Si le tengo que decir algo a alguien, que me parezca puede molestarle, se lo digo en privado. Si considero que no va a escucharme o que lo que yo piense y quiera ayudarle, no le importa lo más mínimo, pues directamente procuro olvidar. Por supuesto, más de una vez salto.

Y vamos con el BDSM.
Generalmente hablamos mucho del valor de la entrega y parece que la responsabilidad y el sentido de la protección de la Dominación, se da por hecho o queda en un segundo plano.
No soy quien para dar lecciones a nadie y en el BDSM, hay tantas formas de vivirlo, como personas estamos en el.
Y os dejo claro, que hace muchos años no disfruto de una relación plena, como me gusta.
Para mi los juguetes o las humillaciones, son una forma de pasarlo bien, los dos. Yo decido, cuando, como y donde. De que manera, con que vestuario, que instrumento hoy en especial.
Cuando he tenido sumisa, si ella me ha fallado, es que también he fallado yo. No hay excusas.
Por tanto, los juguetes que nos dan placer, quedan descartados.
Y si había algo que pensásemos hacer, porque nos gusta a los dos, por ejemplo ir a ver una determinada película. Nos quedamos los dos sin cine.
O si hay algo que nos moleste hacer a los dos, como por ejemplo hacer un zafarrancho de limpieza general en la casa, pues hala, a limpiar nos toca.
Siempre me funcionó bien y espero que llegado el momento, vuelva a ser igual de efectivo.
La verdad. Podría extenderme mucho sobre este tema, pero lo dejaremos para mejor ocasión.

Y una cosa que me cuesta mucho corregir y me supone un tremendo esfuerzo, cuando estoy de verdad enfadado, me callo. Soy silencio. Y se que esos silencios hieren y duelen más que cualquier latigazo, cuando realmente le importo a la otra persona.
Me ha costado mucho en todos los aspectos de la vida, combatir ese defecto mío. Y de hecho, no pienso que lo haya erradicado del todo. Me resulta fácil, refugiarme detrás de mis murallas calladas.

Bueno, quizás continúe otro día con lecciones aprendidas durante la infancia, espero que esta os haya gustado y no se os haya hecho muy pesada.
Que vamos a hacer, quizás siempre llevaré a Peter Pan, dentro de mi, como me dice una buena amiga.

Volad con el polvo mágico Campanillas y Peter Pan, que en el fondo todos llevamos siempre dentro.

Saludos a todos  y espero que la frasecita os resulte interesante.

Un castigo, no tiene porque ser una humillación. Y una humillación no tiene porque ser un castigo.

Publicado el 5 de agosto de 2008 en mi blog de someteme.